Granada a través

La pietà de Miguel Angel vs La piedad de Navas Parejo (Cementerio de Granada)

El monumento público se muestra, a través de la Historia, desde los más remotos tiempos, por los pueblos, como documento expresivo y elocuente de las distintas civilizaciones.

En general, puede hablarse de un lenguaje historicista en una gran parte de los monumentos de todos los tiempos. Siguiendo tipologías y recursos plásticos distintos a la hora de monumentalizar templos religiosos, y más tarde ciudades y cementerios.

Pero, ¿qué es el realismo historicista, y cómo ha evolucionado a lo largo de la historia?

Pongamos un ejemplo.

La pietà de Miguel Angel

Creada entre 1498 y 1499, Miguel Angel nos regaló una nueva maravilla dentro del mundo de las esculturas. Aquí vemos a una joven y bella María sujetando el cuerpo de Jesús sin vida, una exquisita composición triangular cuajada de ternura y bellezas. No hay más que ver ese manto plisado y de gran realismo. Ahí donde el mármol encuentra su más delicada expresión.
En aquellos años, la ostentación acumulativa de pormenores decorativos era muy frecuente. Describiendo minuciosamente los detalles más superfluos en trajes y objetos, para alcanzar, más que la verosimilitud histórica, la precepción directa del natural.

La Piedad del Cementerio de Granada

En el Cementerio Monumental e Histórico de Granada ningún otro escultor, como José Navas Parejo, hizo de la descripción de una circunstancia el objeto primordial de su obra.
Esta concepción escenográfica de la escultura, de Navas Parejo, alcanza su máximo esplendor en el monumento de la Piedad del Panteón familiar de la Familia Bandrés, esculpido en 1930. María una mujer mayor, apesadumbrada por la muerte de su hijo sostiene la cabeza y el torso de Jesús, como si se tratara del fragmento de un gran cuadro de historia en tres dimensiones. El énfasis en la circunstancialidad temporal en la que el personaje ha sido captado, conlleva un contradictorio efecto teatral, ya que obliga a recrear a los personajes en escenarios históricos supuestos, pero si os dais cuenta, tal y como debió suceder.
Por supuesto, el mayor grado de ilusionismo se consigue cuando coinciden el detallismo en la reproducción de los pormenores con la ilusión de que el personaje ha sido extraído de una circunstancia real, aunque sea remota en el tiempo.
Con estos ejemplos podemos valorar que el trabajo del escultor es estrictamente inverso en función de la tendencia artística del momento: Para Miguel Ángel lo verdaderamente importante fue la caracterización del héroe-protagonista y lo subsidiario la representación de la acción en la que participó. En cambio en torno al siglo pasado, e inmersos en una locura decimonónica, afamada por vestir avenidas, plazas y cementerios, la reconstrucción de una acción quedó convertida en tema central del monumento.